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La acción lacaniana en las instituciones: ¿qué hacer y cómo?

 

Este curso el Seminario de Investigación invita a reunirnos en torno a dos preguntas que atraviesan nuestras prácticas: ¿qué lugar para el discurso psicoanalítico en las instituciones del siglo XXI?, ¿de qué modo podemos como psicoanalistas intervenir en ellas?

Lo que llamamos Salud Mental, una vez traspasado el siglo XX, es un sumatorio de fuerzas estimables —algunas caducas, otras vigentes— que generan cumplimientos y desencantos en el bienestar personal y colectivo.

Al hablar de salud mental, hablamos de los efectos que sufren no sólo los sujetos que hacen uso de la múltiple red de lugares de encuentro: educación, casas de acogida, sanidad, sujetos tutelados por diputación, asociaciones de síntomas y pacientes que los padecen y toda la amplia gama que hoy día están al alcance.

Hablaremos también, de los efectos que esta práctica tiene en aquellos que, cumplen su función como responsables y trabajadores de estos centros.

El lazo social de la postmodernidad es complejo. Sus laberintos sobrepasan al individuo, a las administraciones, a la sociedad y al largo elenco de profesionales ocupados en el hacer con el malestar de la civilización tecnocientífica y global.

Antes, en el mundo de ayer, todo parecía más sencillo. Las corrientes psiquiátricas, psicológicas y psicoanalíticas disputaban su lugar de poder en la institución. Si bien la gobernanza seguía fiel al lazo dominal. (1) El especialista, instalado en el discurso de mando, curaba, castigaba o segregaba. Foucault así lo expuso en su arqueología del saber. Ahora se trata de algo que va más allá del poder y la norma.

En la actualidad la demanda múltiple del ciudadano, el desasosiego de la red asistencial, la política insegura de las administraciones educativas, sociales, sanitarias, judiciales… y el desencanto de la sociedad ante la oferta asistencial de magros éxitos generan escenarios trufados de interrogantes, incertidumbres y frustraciones.

¡Qué contraste entre la confianza en el sistema sanitario y la suspicacia ante el mundo psi!

La válvula de escape la ofrece el clima democrático. Auspicia o tolera todo tipo de asociaciones identificadas según un rasgo, un malestar o un diagnóstico, de movimientos de supervivientes a ciertas prácticas, de agrupaciones de partidarios o detractores de tratamientos diversos… Sus voces proliferan en diáspora.

Las guías actuales de la OMS reconocen los quality rights y promueven la despatologización de la vida cotidiana. Exploran la tensión entre bienestar emocional y malestar mental sin brújula. La idea de trastorno consolidada en los años 80’ con el DSM3 desarticuló el concepto de síntoma freudiano. La clínica desdibujó un instrumento potente.

Y a ello se suma una sorpresa inesperada: los movimientos intelectuales y políticos proclives a la deconstrucción del género. Con el traspaso de siglo han eclosionado las clásicas identidades sexuales, las atípicas relaciones entre cuerpos y los enigmáticos tránsitos… La sociedad de la prohibición ha dejado paso al empuje a gozar a cielo abierto, sin secretos o clandestinidad. El aforismo no hay relación sexual natural está en su apogeo. Algo parecido a como la pregunta histérica sobre la feminidad lo estuvo con el traspaso del siglo XIX.

La acción lacaniana (2) –un hacer en lo social regido por el método psicoanalítico- trata con delicadeza estos tiempos de desorientación y desencanto.

Alexander Stevens formula una cuestión que nos orienta: “¿en qué y cómo puede el mundo sociosanitario de la salud mental, sus instituciones, ser atravesado por el psicoanálisis hoy?” (3)

Y nosotros agregamos: ¿cómo su fuerza material puede hacerlo?

La llamada acción lacaniana tiene cabida en la multiplicidad de espacios donde el discurso analítico encuentra interlocutores.

Se trata de poder situar y respondernos, ¿Qué de paradigmático hay en la invención que nuestros colegas han podido realizar en su lugar de actuación?

Sabemos, sin embargo, que el discurso analítico no es una variante del discurso dominante, ni se acomoda fácilmente al funcionamiento institucional sostenido en ideales de normalización, clasificación y eficiencia.

La praxis psicoanalítica no se hipoteca en settings prefijados terapéuticos. Es un saber hacer para la reconstrucción de la biografía después de verificar como la enfermedad, solución hallada en el pasado, no es satisfactoria. Es una experiencia que reconsidera las imágenes ideales propias y revalora la personalidad en el lazo con los otros y la comunidad.

Todo eso más una novedad. En la modernidad los sujetos solían convalidar la evaluación que realizaba el Otro, aceptaban el significante amo que se les atribuía. Hoy en día cada cual tiende a construirlo como un bricolaje.

El Orden del Otro ha declinado. A menudo el ciudadano pide al especialista que tome su relevo y haga el par. Haga de secretario orientado.

La salud mental actual se desarrolla en el tiempo de la utilidad inmediata y directa. La utilidad se impone como criterio de valor para todos los ámbitos, también para las instituciones. Persigue resultados just in time y medibles a la manera que lo hace la salud en otras especialidades. Advertidos por la experiencia analítica, sabemos que la eficacia del psicoanálisis responde a una utilidad indirecta, más enigmática, que no se deja contabilizar. (4)

Podemos entonces preguntarnos: ¿cómo se sostiene esta utilidad indirecta dentro de una institución que exige una utilidad directa? (5)

La cuestión no es tanto si el psicoanálisis se incluye o no como una práctica institucional, sino cómo opera con su método, cómo interviene —o se abstiene de hacerlo—, y qué posición conviene ocupar. (6)

La acción lacaniana crea una brecha en el tiempo institucional donde el sujeto puede retomar su palabra. Quien opera lo hace animado por un deseo; de otro modo, no es posible.

Jacques-Alain Miller, con su sintagma acción lacaniana, designa el modo en que las condiciones del discurso analítico pueden conectar con el Otro social. Quitando así al psicoanálisis del ámbito privado del siglo XXI. Según sus palabras, “la cuestión que se plantea es saber qué es lo que, al lado del acto psicoanalítico —tal como fue definido por Lacan—, puede situarse como acción psicoanalítica o incluso como acción lacaniana, para dar a ese acto las consecuencias que puede tener en la sociedad.” (7)

El tiempo del analista solitario, encerrado en su consulta, ha dado paso a lo que Éric Laurent llama el analista ciudadano (8): aquel que participa, que es sensible al Zeitgeist, a las formas de segregación… que se implica en las instituciones con un decir silencioso que no es silencio, un decir capaz de mover la dinámica de grupo y abrir un espacio para el sujeto.

Pensar al analista fuera de su consulta es pensarlo como un objeto nómada (9), capaz de desplazarse entre espacios de lazo. Podríamos decir que el psicoanálisis, en su acción, se asemeja a una instalación móvil, una práctica a reconfigurar según los lugares que habita. Es otra manera de declinar el just in time.

Este seminario es, ante todo, una invitación al comentario de textos que orientan el sintagma acción lacaniana, a escuchar a los colegas que participan en acciones institucionales y que comparten con nosotros algo esencial, llegar a hacer efectivo en cada uno de los lugares la acción lacaniana.

El seminario de investigación de este año unirá la lectura de los textos, la experiencia de los colegas aquello que ha sido su invención y sobre todo, que conversemos sobre cómo se las han arreglado para inventar lo que sea en cada caso, dando vida a la acción lacaniana. Conversar, en este campo, es también una forma de actuar.

 

Cristina Califano (responsable), María Verdejo, Francesc Vilà.

 

 

NOTAS:

(1) Miller, J.- A., Un esfuerzo de poesía, Paidós, p. 161 en adelante.
(2) Miller, J.- A., Un esfuerzo de poesía, Paidós, p. 171.
(3) Stevens, A., “El psicoanálisis aplicado”, Revista L’Atelier, nº 8, Asociacion TEAdir. Junio 2024, p. 10.
(4) Miller, J.- A., Los cursos psicoanalíticos de Jacques Alain Miller. Un esfuerzo de poesía, Paidós, Buenos Aires, 2025, P. 160.
(5) Miller, J.- A., “De la utilidad social de escuchar”. Revista Virtualia, nº 10, Agosto 2004.
(6) Zenoni, A., La otra práctica clínica, Grama Ediciones, Buenos Aires, 2021, p. 23.
(7) Miller, J.- A., op. cit., p. 171.
(8) Laurent, E., Psicoanálisis y salud mental, Tres Haches, Buenos Aires, 2014, p. 121.
(9) Miller, J.- A., “Hacia PIPOL 4”, Revista Freudiana, nº 52, RBA Libros, Barcelona, Enero-abril, 2008, p. 9.

 

COMISIÓN:

Cristina Califano (Responsable) | María Verdejo | Francesc Vilá

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