Cristina Califano

 

Me ha tocado presentar el Seminario, cosa que hago con mucho gusto; porque este será un Seminario revulsivo, sorprendente, ya que no parte de una doctrina establecida ni de un saber que vendría a aplicarse a la institución. Parte de preguntas de trabajo: El psicoanálisis en las instituciones: ¿qué hacer y cómo?, ¿qué puede hacer el psicoanálisis y -qué no- cuando se practica en el marco de una institución? Son estas preguntas que nos introducen de lleno en el momento social en el que se encuentra el psicoanálisis.

Estas preguntas suponen ya una toma de posición: no se trata de “adaptar” el psicoanálisis a la institución, ni de convertir el psicoanálisis en una técnica de gestión, de evaluación o de normalización. Nuestra orientación no es esa.

No es una oposición frontal a ese discurso institucional pero tampoco no nos confrontamos ni nos confundimos con ello.

Desde Freud, pero de manera especialmente radical con Lacan, el psicoanálisis se define por su exterioridad respecto de los ideales de adaptación, armonización o bienestar normativo.

Como subraya Jacques Lacan, el psicoanálisis no se orienta por el Ideal, sino por lo real que se manifiesta en el síntoma, en el malestar y en la repetición.

Para nuestra orientación, la institución tiene su propio discurso, es decir, un modo de establecer el lazo que ordena lugares, funciones y expectativas. Nuestro trabajo en la institución no consiste en “psicoanalizar la institución”, sino en localizar cómo ese discurso incide en los sujetos.

El psicoanálisis no opera por protocolos, sino por acto. Y el acto -como subraya Lacan- no es programable, no es estandarizable, no es evaluable por criterios externos. Entonces ¿cómo sostener un acto que no se deja medir?

El psicoanálisis no ha sido nunca indiferente a los grandes momentos políticos y sociales de su época. No porque se convierta en una práctica política en sentido estricto, sino porque lee en cada coyuntura una transformación del malestar, y responde inventando dispositivos acordes a su ética.

La presencia del psicoanálisis es desde su inicio, ya en 1918, en el contexto de la Primera Guerra Mundial; con sus consecuencias sociales: miseria, trauma, desarraigo, sufrimiento psíquico, es el tiempo en que Freud propone extender el psicoanálisis a quienes no puedan acceder al tratamiento privado leyendo un momento histórico. El sufrimiento psíquico no puede quedar reservado a quienes pueden pagar un tratamiento privado.

Podemos ver, que, desde el comienzo el psicoanálisis lee lo real del momento social y responde con una invención: los dispensarios freudianos, es un acto que responde a un momento político particular, la guerra y sus estragos.

Los dispensarios que surgirán después -Berlín, Viena- muestran que esta tensión no es un accidente histórico, sino una condición estructural: allí donde el psicoanálisis entra en la institución, aparece la pregunta por su lugar, por su acto y por su límite.

Un segundo momento de lectura política decisiva aparece en Francia, a comienzos de los 2000, con la llamada Enmienda Accoyer, que intenta regular las psicoterapias desde criterios estatales de evaluación, acreditación y normalización.

Proyecto que no apunta únicamente a una organización sanitaria, sino a una transformación del lugar del saber sobre el sufrimiento psíquico, privilegiando: medición, protocolización y homologación de prácticas.

Este proyecto no apunta únicamente a una organización sanitaria, sino a una transformación del saber sobre el sufrimiento psíquico, la medición, la eficacia protocolizada y la homologación de las prácticas.

La respuesta lacaniana no fue el repliegue ni la protesta ideológica, sino la invención de un nuevo dispositivo clínico: los Centres Psychanalytiques de Consultations et de Traitement (CPCT).

Introduciendo tratamientos breves, gratuidad, orientación por el síntoma, sin evaluación normativa ni adaptación forzada. Aquí el psicoanálisis lee un segundo momento político: el de la gestión tecnocrática del malestar, y responde sosteniendo el acto analítico allí donde se intenta reducirlo a técnica.

Y ahora, vivimos el tercer momento: la presentación del psicoanálisis en el Senado francés, donde aparece en lo social el sintagma sostenido por Miller “la acción lacaniana” (1): “…al lado del acto psicoanalítico -tal como fue definido por Lacan- puede situarse como acción psicoanalítica o incluso como acción lacaniana para dar a ese acto psicoanalítico las consecuencias que puede tener en la sociedad”. No se trata de una defensa corporativa ni de una reivindicación identitaria del psicoanálisis, es hacer existir un discurso en el espacio público, donde: el sufrimiento no se reduce a indicadores, el sujeto no es usuario y, la palabra no es un dato cuantificable.

El psicoanálisis lee aquí un tercer momento político: la hiperregulación del malestar, exigencia de transparencia y control absoluto.

Desde los dispensarios surgidos tras la catástrofe de la guerra, pasando por la creación de los CPCT, y ahora “la acción lacaniana” se puede situar su lógica: el psicoanálisis no se adapta al momento social, lo lee.

Cada uno de estos momentos políticos introduce una nueva forma de gestionar el malestar, ante estos momentos sociales de “ajuste” el psicoanálisis responde no con un programa ni con una protesta, sino una invención clínica que sostiene el lugar del sujeto.

La “acción lacaniana”, no consiste en ocupar el poder ni en producir normas; sino en hacer existir un límite allí donde el discurso dominante tiende a borrar la singularidad bajo la forma del protocolo, del dato o del rendimiento.

El tiempo del analista solitario encerrado en su consulta, ha dado paso a lo que Éric Laurent ha dado en llamar analista ciudadano (2) aquel que participa, es sensible a las formas de segregación, y que se incluye en las instituciones con un decir silencioso que no es el silencio; el decir que pueda mover la dinámica de grupo que se vive en cualquier institución.

Desde la institución estallada de Mannoni hasta experiencias más contemporáneas como Le Courtil y Antenne 110 en Bélgica que muestran la posibilidad de una institución no orientada por el Ideal, que lejos de normalizar al sujeto, sostiene arreglos singulares frente al empuje contemporáneo de la evaluación y el protocolo.

En el caso de la Antenne 110 y Le Courtil, aquí la invención no es breve ni puntual sino, sino institucional y duradera. Se trata de crear lugares de vida donde el niño no quede reducido a un déficit ni a un programa de competencias y donde el trabajo se oriente por los arreglos singulares que cada sujeto pueda construir; la institución no sabe de antemano: se deja enseñar por el caso.

El psicoanálisis ha mostrado que no se trata de ofrecer modelos institucionales ni respuestas estandarizadas, sino de leer cada momento histórico y responder con una invención acorde a su ética. En todos los casos, frente a la normalización, la evaluación o el cierre institucional, se sostiene una misma orientación: no confundir la demanda de la institución con la del sujeto y mantener abierto el lugar del acto analítico.

Más que dispositivos ejemplares, estas experiencias constituyen lecturas del lazo social y muestran que la llamada acción lacaniana no consiste en ocupar el poder ni en producir normas, sino en introducir un límite, haciendo existir lo singular en el corazón mismo de las instituciones contemporáneos.

Este Seminario es una invitación; invitación a la cercanía de los textos que nos permitirán adentrarnos en el tema que nos convoca investigar.

Y, al mismo tiempo una invitación a escuchar a colegas que participan en instituciones quienes compartirán con nosotros algo fundamental y creemos que para vosotros también: ¿de qué forma han podido conversar con los otros discursos? ¿cuáles han sido las invenciones que han hecho para conseguirlo? ¿Qué efectos ha tenido su práctica en dicha institución?, entonces comencemos!

 

 

NOTAS:

(1) Miller, J.-A. Los cursos psicoanalíticos de Jacques-Alain Miller. “Un esfuerzo de poesía”, Editorial Paidos, Buenos Aires, Argentina, 2025, pág. 171.

(2) Laurent, E. Psicoanálisis y Salud Mental, Editorial Tres Haches, Buenos Aires-Argentina, 2014, pág. 121.